Jorge Korea

Jorge Korea

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Así como el buen cantante trae un sonido propio en innato, Jorge Korea llega al arte con un don natural para el color. Muestra desde su primer cuadro un maravilloso timbre colórico que ha ido masijando y del que ha dado prueba virtuosa desde sus primeros paisajes, montañas, pastizales y arboledas, hasta los caseríos superpoblados donde el personaje cotidiano tiene un lugar ponderante.

Este artista llega a entender que importaban tanto el planteamiento plástico y el tema de su cuadro, como su visión del mundo y se dan cuenta de que la obra plástica no permite resaltar uno de ellos sin detrimento de los otros; que un equilibrio mudo acuchilla los excesos, que toda su disconformidad con el sistema, en la obra de señalamiento, no puede ser expresada plenamente y con mucho costo podrá mostrar una idea a riesgo de no ser captada o mal interpretada. Es por esto que Jorge Korea recorrió sin saltos un camino que no deja de ser curioso: pasa a la abstracción sin dificultad y aquí cae en la cuenta de su habilidad natural. Descubre que al público nunca le había importado tanto estas propuestas, que dijera él lo que dijera y pensara lo que pensara, al final siempre quedaría una relación armónica o no armónica, de forma, luz y color, de la que no se habría podido escapar.

Además, se da cuenta de que el planteamiento filosófico o visión personal del mundo ocupa su lugar en la obra, pero que se tragan la forma y el color. La belleza del acto plástico no está en contarla, sino en contemplarla y esta conciencia reduce al narrador a un simple y subordinado animador, quien presenta al verdadero cantante, al verdadero pintor nato. Se le ve pintando una bolsa de papel. Encuentra la manera de equilibrarse sin caer en los extremos. Pinta objetos de supermercado, señala, sin dedo, el consumismo aterrador al que se abalanza; papeles arrugados y desarrugados, fragmentos de papel craft que fueron olvidados en una pulpería de pueblo. Aquí la abstracción se vuelve figuración y continúa su recorrido hasta que lo impactan quinientos años de conquista.
Encuentra en este tema todos los elementos juntos: la fascinación del indio por el brillo y la novedad, la cruel imposición del español, metal y madera, animal y hombre, mar y ultramar. Sus cuadros se animan como antes.

Pinta la serie de la Conquista y se queda en ella una década, hace incursiones en temas de la ciudad y sus personajes de bajo mundo, toca todo: edificios, calles, postes, perros, basureros; y pasa a pintar sus cuadros con renovado compromiso, más bien liberado e identificado con la realidad con la esencia misma de ser y del sentir. Las formas se salen de sí mismas y se reforman de nuevo, se transforman y desaparecen los soldados, desaparece el conquistado y el yelmo, surgen otros personajes. La visión de sí mismo con el entorno ofrece ahora un Jorge Korea transfigurado, obra que arranca con el milenio y sigue provocando armonías tonales, contrastes vibrantes y sonoridades únicas, propias de un gran intérprete.

Gerardo González Álvarez

Pintor, grabador, ensayista y crítico de arte.

2014

Premios
•Museos de la Fundación Ralli
Colección Permanente: Museo Ralli, Punta del Este, Uruguay.
Formato: 120 X 0,70
Año: 1991

•Museos de la Fundación Ralli
Colección Permanente: Museo Ralli, Caesarea, Israel.
Formato: 1,30 X 1,40
Año: 1991

•Museos de la Fundación Ralli
Colección Permanente: Museo
Ralli, Santiago de Chile, Chile.
Formato: 1,60 X 1,40
Año: 1993

•Su obra forma parte también
de colecciones privadas
localizadas en: Panamá,
Venezuela, Colombia, Ecuador,
Bolivia, Estados Unidos, Alemania,
Rusia, China, Canadá,
Francia, Suiza y Italia.



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