Ciseron

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El nombre latino Cicerón significa “el que planta garbanzos”. El nombre germánico Elmer, variante de Edelmiro, significa “celebre por la nobleza que representa”; y el apellido griego Bautista significa “el que bautiza”.
El nombre de nuestro aludido pintor hondureño significaría entonces: “el que planta garbanzos, celebre por la nobleza que representa (y) bautiza”.
No sé si los padres de nuestro Ciserón (con “s”) se dieron cuenta del detalle, pero así lo llamaron y lo retrataron muy bien con su nombre.
A Ciserón, sin embargo, le encanta que lo llamen (entre otros nombres menos modestos) “el último príncipe lenca”.
Los Lencas son un grupo étnico mesoamericano que tiene su propio idioma y que existe desde tiempos precolombinos.
iserón nació, pues, en el corazón del territorio Lenca un 09 de octubre de 1975 en Márcala, departamento de La Paz, en el centro de Honduras, en el Centro de América.
La palabra “Lenca” significa “lugar de muchas aguas”; en cuanto a la lengua, según el lingüista costarricense Adolfo Costenla Umaña, es un idioma con raíces del chibchano, pero como mucha influencia de Náhuatl, y de las lenguas mayas como yucateco y chol.
Formación Académica:
Escuela Nacional de Bellas Artes, Honduras, C.A.
Academia Nacional de Artes Plásticas “Rafael Rodríguez Padilla”, Guatemala, Guatemala.
Academia Nacional de Artes Dramáticas, Honduras, C.A.
ucho se ha dicho en Honduras sobre la fuerte influencia picassiana en Ciserón, ¿pero qué pintor, en el mundo, puede considerarse exento de la influencia de Pablo Ruiz Picasso?. Dicha influencia se encuentra en casi todos los pintores del siglo XX.

Sin embargo, observando detenidamente la obra de Elmer Ciserón Bautista y tomando como referencia un pequeño compendio que se resume bajo el titulo “Guía para el estudio de la Historia del Arte” (F. Checa Cremades, M.S. García Felguera y M. Moran Turina) nos encontramos mas con una influencia cubista (el cubismo no era propiedad privada de Picasso) o abstraccionista con una fuerte tendencia a la reducción en cuanto a la forma.

Esto nos hace pensar en la “Teoría de los Signos o Semiótica” (1976), en “Obra Abierta”, (1979), en “La estructura ausente”, (1979), en “Signo”, (1976) de Humberto Eco; o los escritos de G. Dorfles como el “Devenir de las artes”, (1959), “Símbolo, comunicación y consumo”, (1962), y/o, trabajos como los de C. Máltese: “La Semiología del lenguaje objetual”.
Según los autores citados, “el lenguaje no es una organización de estímulos naturales, si no que estos estímulos están organizados por el hambre, y, como las formas artísticas, se tratan de un hecho artificial. En consecuencia, y sin por ello identificar arte y lenguaje, se podrá por analogía, aplicar al primero las observaciones hechas en el campo lingüístico… como en el uso estético  del lenguaje (es decir), lenguaje poético; existe  una implicación emocional de las referencias y una utilización referencial de las emociones”, es decir: los excites o el contenido como el centro motor sistémico de la obra plástica Ciseroniana, en donde la forma o técnica ocupa un espacio circunstancial (o mínimo) frente a la fuerte carga emocional. Emotividad transmitida al público de manera artificial a través de la pintura.



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